De San Juan al corazón de la cordillera: la historia de LyG, una empresa que nace del esfuerzo familiar
En la provincia de San Juan, donde la cordillera se impone como un escenario de trabajo tan desafiante como inspirador, nació hace más de 25 años LyG Logística y Gastronomía S.R.L.. Su origen no estuvo marcado por planes de negocios complejos ni por grandes capitales, sino por la necesidad urgente de responder a las condiciones extremas en que se desarrolla la minería.
Luis Eduardo Campillay, su fundador, entendió desde el inicio que la clave no era solo abastecer de comida a los campamentos mineros, sino cuidar a las personas que trabajan a 5.000 metros de altura. Con intuición, humildad y una profunda conexión con el terreno, transformó un servicio básico en un sistema integral que combinó gastronomía, logística y hospitalidad. Así nació una marca que se convirtió en sinónimo de bienestar en entornos remotos.
“Dar de comer no es solamente alimentar, es generar arraigo y confianza”, repetía Campillay. Esa visión lo llevó a consolidar una cultura empresarial única: una en la que cada plato, cada traslado y cada cama limpia representaban un acto de cuidado hacia quienes sostienen la economía provincial desde las entrañas de la montaña.

El símbolo de la pirámide y el legado familiar
LyG tiene un símbolo que lo acompaña desde el inicio: la pirámide. No es un simple logo, sino una figura cargada de sentido. Representa la energía que asciende y desciende en un ciclo constante, al mismo tiempo que recuerda el esfuerzo como base y la conexión con una herencia familiar que siempre apostó al trabajo y la superación.
La elección de este símbolo no fue casual. Campillay quiso transmitir que el camino hacia arriba, como en los negocios y en la vida, siempre parte de una base sólida construida con sacrificio. Esa herencia de trabajo a pulmón se convirtió en el sello de identidad de la empresa y en el mensaje que hoy trasciende generaciones.
Crecer desde San Juan hacia la montaña
LyG comenzó como una empresa de gastronomía campamental, atendiendo las necesidades de los trabajadores en altura. Con el tiempo, la experiencia mostró que la alimentación no podía depender de terceros. Era un servicio crítico, que requería logística propia. Así, la empresa incorporó camiones, camionetas y servicios integrales de abastecimiento que le permitieron asegurar continuidad y eficiencia en cada operación.
Ese paso transformó a LyG en un aliado estratégico de la industria minera e industrial, capaz de garantizar no solo la comida sino también el transporte de insumos, la construcción de campamentos y la provisión de recursos esenciales como gas y agua.
El crecimiento fue sostenido pero siempre fiel a su raíz: resolver con cercanía y humanidad, sin perder nunca el contacto directo con clientes y comunidades.
Hablar de LyG es hablar de una empresa profundamente sanjuanina. Su historia se entrelaza con las dinámicas de la minería local, con la geografía cordillerana y con una cultura de trabajo que no se rinde frente a las dificultades.
Luis Eduardo Campillay no heredó un negocio. Lo construyó con esfuerzo, acompañado por su familia, y lo proyectó como un legado que hoy continúa en manos de una nueva generación de líderes. Esa identidad local, de bajo perfil pero de gran compromiso, es uno de los valores más reconocidos por sus clientes.
Humanidad en entornos hostiles
La misión de LyG puede resumirse en una idea clara: hacer que cada trabajador se sienta cuidado, aún lejos de su hogar. En un campamento minero, donde las jornadas son largas y las condiciones extremas, una comida sabrosa, una cama limpia o un traslado seguro marcan una diferencia en el ánimo y el bienestar de las personas.
Por eso, LyG no se limita a brindar servicios. Construye experiencias que humanizan el trabajo en altura, demostrando que en cada detalle hay un compromiso real con la calidad de vida de los trabajadores.
La tercera generación y el futuro
Hoy la empresa está conducida por la segunda generación familiar, quienes asumieron el desafío de profesionalizar y expandir LyG. Con distintos roles dentro de la organización, aportan nuevas miradas y refuerzan la esencia que dio origen a la marca: cercanía, compromiso y humanidad en cada servicio.
Y se abre paso también, la tercera generación integrada por nietos y nietas de Luis Eduardo, que comienzan a sumarse a la empresa familiar. Su presencia asegura la continuidad de un legado construido en San Juan y proyecta un futuro en el que LyG seguirá creciendo sin perder su identidad.
Más allá de la cordillera
LyG mira hacia el futuro con el mismo espíritu con el que nació: crecer paso a paso, sin perder identidad. Sus planes de expansión incluyen nuevas líneas de negocio –como la gastronomía preelaborada (cook & chill) y la organización de eventos institucionales y corporativos–, siempre con la misma premisa de aportar valor humano en cada servicio.
El desafío está en consolidar su estructura y escalar sin perder cercanía, un reto que enfrentan con la convicción de que la esencia sanjuanina es su mayor fortaleza.


